martes, 15 de septiembre de 2009

He necesitado más de un cuarto de siglo para...

desprenderme de mi particular versión, atosigante y frecuente, del "síndrome de Estocolmo": no pienso volver a justificar a mis verdugos.

comenzar a exigir a mis amigos lo mismo que yo les doy, ni más ni menos. Lo contrario crea relaciones insanas y asimétricas que terminan mal, la mayoría de las veces.

comprender que no hay tantos despistados como parece, y que se puede hacer daño por acción y por omisión, y que casi siempre, los que lo hacen por omisión incurren en dolo.

dejar de sentirme culpable por mis (presuntas) virtudes y dejar de torturarme por mis imperfecciones.

darme cuenta de que la mejor venganza contra los que nos desprecian o maltratan es tratar de ser tan feliz y honrado como se pueda. Los villanos detestan las sonrisas y comprobar que otros seres humanos sí son capaces de despertar afecto e interés en sus semejantes.

no llevarme un disgusto cuando me desprecian y me marginan, y disfrutar de los que me aprecian y me buscan: ellos sí merecen mi energía.

llegar a la conclusión de que la envidia, el miedo y los prejuicios son las causas que provocan la mayoría de las enemistades en este mundo tan competitivo y exigente.

poder decir abiertamente que me siento maduro y feliz, y que me gusta vivir, y que tengo mil y un proyectos y planes, y que quiero a tanta gente que sé que me quiere que hay momentos en los que me siento un globo a punto de reventar de dicha.

no avergonzarme de ser, en ocasiones, más cursi que una bandeja de merengue con un lazo rosa.

2 comentarios:

paaliy dijo...

jo, qué contenta me ha puesto leer todo esto! :)

admiro tu sabiduría y me alegra tu felicidad.. no sabes cuánto!

te quiero mucho.

Ian Grecco dijo...

Yo también te quiero, Paaliy.

Lo bueno de ir cumpliendo años es que te das cuenta de tantas cosas...

Y espero que tú también seas feliz, ¡y creo que así es!