Al piano, mi tía se fundía con el marfil y la madera como si su cuerpo fuera una prolongación del instrumento.
Las pasiones incontrolables que mueven a los hombres beben de las más diversas fuentes. Unos se decantan por el arte y anhelan plasmar en el lienzo de la creación la perfección plástica e imposible de los sueños; también existen los responsables de conceder al mundo sus descubrimientos e ingenios para paliar las incomodidades que conlleva la existencia; en cambio, otros se conforman con pasarse la vida distrayendo a su dañina falta de ilusiones inmiscuidos en una terrenal y tremenda vulgaridad sin pesquisar nada que les pueda hacer escapar de lo más estrictamente material, lo gris y predecible del oficio de vivir.
La tía Eloísa había escogido la música, y sin necesidad de sopesar si había sido una acertada opción para aquella mujer, estaba claro que aquel arte había constituido el leit motiv de su existencia. Yo, en cambio, acomplejada por mi mórbida terrenalidad, no tenía aún un cauce por el que pudiera discurrir mi pasión creadora, científica o social; bueno, eso si realmente atesoraba en mi interior semejantes fuerzas cautivadoras, ¿y si tal vez no había en mí nada prodigioso? ¿Podría vivir siendo consciente de ello?
lunes, 5 de enero de 2009
domingo, 4 de enero de 2009
La balada del domingo triste (o brainstorm dominical)

Escucho en la emisora clásica a un inquietante compositor japonés cuyo nombre no logro recordar. Nacido en el siglo XX. Coetáneo de Bernstein. Adapta un poema de Makoto qué-sé-yo. Suena a maquiavélico, cajitas de música inquietante, princesas orientales conspirando mientras danzan con la Muerte. Veo un reportaje sobre agujeros negros. Black Holes and Revelations de Muse suena en mis oídos. Me encanta. Los científicos dicen que la materia oscura, los agujeros negros y la energía osucura son Grandes Misterios. Los agujeros negros...Ójala se pudiera viajar a través del tiempo...Quizás cuando sea anciana sea posible, y retroceda a este instante y escriba en este post: "al final, ¡se descubrió cómo hacerlo y yo lo hice!" O "lo haré", qué lío...Y dicen que la energía oscura es como un baile en el que las damas van de blanco, los caballeros de negro y todos danzan, pero sólo vemos a las damas, lo cual no quiere decir que los caballeros no existan. Eso es la energía oscura. ¿Confuso o demasiado sencillo? No me queda muy claro...Más de 400 muertos en Gaza, y nadie hace nada, nada, nada...Yo soy nadie. Y hago nada. Nada. Londres, París, la ya caldeada Atenas, sí que lo hacen, pero se decantan por la fuerza bruta e improductiva: violencia callejera, destrozos urbanos. Eso tampoco es muy útil. El Invierno Nuclear. Te buscaré en el Invierno Nuclear, cuando todo haya terminado y sólo nos quede la esperanza de comenzar algo nuevo. Últimamente adivino las frases de las películas, lo que va a decir un actor antes de abrir la boca. Y también qué va a suceder en la siguiente escena, y, a veces, incluso cómo va a terminar la película. No soy bruja, simplemente asisto irónica y estoica a la agonía anunciada del Séptimo Arte. La balada del domingo triste. Gracias por el título, lady Carson McCullers. Transcribiría varias frases de doña Lispector, pero el eterno problema, "tempus fugit", y que recojas virgen las flores, y todo lo demás...Más radio clásica, dicen que "malinconia" es tristeza, y que existen varias clases de tristeza, como clases de blanco para los esquimales, aunque Homer Simpson mantenga que los esquimales no existen. No sé, o quizás sé demasiado y me hago la ingenua...Para mí, amistad y rivalidad son antónimos, para otras no...Quedátelo y cómetelo, ni siquiera me gusta ya...Para mí los dos sois historia. No, miento, miento...No me hagas decirte que te quiero. Me sentiría ridícula, ajena a mi orgullosa estampa...Déjame morir petrificada...Hoy es el cumple de mamá. Y está enferma pero plácida. Le he regalado el perfume que ambas utilizamos en tiempos pasados. Lo olemos y se nos saltan las lágrimas...Y yo aún no soy vieja, pero me siento una anciana desde que cumplí los 9 años. ¿Por qué no puedo ser n.....? Los ingenuos, los malos, no deben sufrir tanto. Venga, Clarice y acabamos: "para los que yacen encarcelados las lágrimas forman parte de la experiencia cotidiana; día sin lágrimas es un día en que el corazón está endurecido, no un día en que el corazón está feliz".
jueves, 1 de enero de 2009
Apañando...
Sigo apañando mi novela, a duras penas (la escribí hace 10 años y combato con las ganas de ocultar a la humanidad tan infantiles y vergonzosas líneas), y voy a transcribir aquí este trocito que me ha hecho volver a preguntarme por qué a las personas nos atráen tanto las relaciones masoquistas:
-Pero aunque tuviera bien definida mi parcela en su vida, Laura parecía estar continuamente enfadada conmigo, pese a que yo no lograra intuir el porqué, y no hacía más que ver defectos en mí. Traté de salir de la clandestinidad a la que ella nos había condenado, de invitarla al cine, al museo, a cenar, porque quería demostrarle que lo nuestro podía ser más que un juego de locos, una poco saludable escapada de la rutina. Quería que viera que podíamos ser una pareja normal, aunque fuéramos unos críos, con un mínimo de coherencia y sensatez. Pero apenas se lo insinuaba a Laura, ella se moría de risa y me decía que estaba loco, y que ella pasaba de chorradas sentimentaloides, que estábamos bien como estábamos. Y poco a poco, fue introduciendo comentarios crueles y malhumorados sobre mi persona en sus chanzas.
-¿Qué te decía? ¿Qué te hacía?-pregunté ansiosa.
Henry pareció incómodo con mis preguntas y no me contestó. Me miró agitando la cabeza de un lado a otro en señal de negativa y mordiéndose el labio inferior. No me especificó en qué se basaba aquel “maltrato”, quizás porque las cosas que Laura le decía eran tan desagradables que no quería volver a condensarlas en palabras. Por eso continuó hablando como si no le hubiera preguntado nada.
-Pero aunque tuviera bien definida mi parcela en su vida, Laura parecía estar continuamente enfadada conmigo, pese a que yo no lograra intuir el porqué, y no hacía más que ver defectos en mí. Traté de salir de la clandestinidad a la que ella nos había condenado, de invitarla al cine, al museo, a cenar, porque quería demostrarle que lo nuestro podía ser más que un juego de locos, una poco saludable escapada de la rutina. Quería que viera que podíamos ser una pareja normal, aunque fuéramos unos críos, con un mínimo de coherencia y sensatez. Pero apenas se lo insinuaba a Laura, ella se moría de risa y me decía que estaba loco, y que ella pasaba de chorradas sentimentaloides, que estábamos bien como estábamos. Y poco a poco, fue introduciendo comentarios crueles y malhumorados sobre mi persona en sus chanzas.
-¿Qué te decía? ¿Qué te hacía?-pregunté ansiosa.
Henry pareció incómodo con mis preguntas y no me contestó. Me miró agitando la cabeza de un lado a otro en señal de negativa y mordiéndose el labio inferior. No me especificó en qué se basaba aquel “maltrato”, quizás porque las cosas que Laura le decía eran tan desagradables que no quería volver a condensarlas en palabras. Por eso continuó hablando como si no le hubiera preguntado nada.
miércoles, 31 de diciembre de 2008
Antes de que acabe 2008...

Leo por fin a Clarice Lispector, sus cuentos, y me encanta...Otro día escribiré más sobre esta mujer.
Termino "El diablo en el cuerpo", de Radiguet, (recomendado por Javier Marías en una charla a la que tuve la suerte de asistir) y puedo decir y digo que es una de esas obras primerizas que, Dios sabe por qué, son sobrevaloradas hasta límites estratosféricos. Radiguet la escribió con 17 años y se nota. Una obra mediocre no se puede salvar matando a uno de los protagonistas en sus últimas líneas, es una cobarde artimaña que me saca de quicio. Que el autor muriera con 20 no justifica que le llamaran el "nuevo Rimbaud" por mucho que fuera amigo y protegido de Jean Cocteau...No entiendo por qué algunos autores, por estar en el lugar y el momento adecuados, son tan admirados por la crítica y el público sin merecerlo (en mi opinión, por supuesto). Lo mismo me sucedió con "Buenos días, tristeza". Y encima les hacen películas...
Me revienta por dentro lo que está sucediendo en Gaza y que la Comunidad Internacional pase olímpicamente de semenjante limpieza étnica, tan descarada y sangrienta que pasará a las páginas más negras del Gran Libro de la Crueldad Humana. La televisión saca imágenes de bebés amortajados en sábanas roídas y hospitales bombardeados y no sé qué más hacer, aparte de escribir este famélico párrafo...
Comprendo que el mundo es un lugar desagradable para vivir cuando uno renuncia a sus burbujitas de distracción, pero que no por ello, para ser más coherente con la realidad, hay que renunciar a dichos refugios de frivolidad y ocio, tan sólo basta con racionarlos. De lo contrario, nos sucederá cómo advierte Robert Redford en la infravalorada "Leones por corderos": que los poderosos se aprovecharán de nuestra pasividad para seguir maquinando a sus anchas. Al menos, molestémonos en protestar: en decir "esto no me gusta". Hay muchas vías para ello.
Por último, les doy las gracias por haber leído esto. Gracias. Y Feliz Año 2009, desde mi pena por no poder escribir más que coletazos como este.
Ian Grecco
sábado, 20 de diciembre de 2008
Si tuviera tiempo II

Escribiría lo que me ha parecido ese libro llamado "Últimas notas de Thomas F. para la humanidad". Lo cogí en la biblioteca porque lo recomendaba uno de esos suplementos culturales a los que, de vez en cuando, conviene hacer caso. La crítica ya advertía de lo seco, contundente y desagradable que podía ser el libro, y estuve a punto de dejarlo tras las primeras páginas, porque me parecía que eso no era "escribir", que no se podía contar una historia que mereciera la pena a base de frases tan simples e hirientes como dagas de hielo, pero al final fui interesándome cada vez más por el protagonista y sus reflexiones, un narrador octogenario enfadado con el mundo y con el ser humano, que sólo ve desidia e incoherencia en todo y cuanto le rodea.
Lo dicho, "si tuviera tiempo" analizaría más en profundidad este texto desasosegante del que es, con toda la razón del mundo, uno de los mejores cuentistas noruegos del momento: Kjell Askieldsen, aunque los cuentos de este libro no son cuentos, más bien las reflexiones expuestas sin contemplaciones de un anciano solitario y misántropo al que al final cogeremos cariño...
Recomiendo que lo lean.
Y si tuviera tiempo también hablaría de lo que sentí al ver en "Documentos TV", hace un par de semanas, un ducumental sobre la vida y muerte de enfermos terminales que son niños, y la experiencia de sus padres y cuidadores al estar con ellos los últimos días de su vida. Algún día hablaré de esa muchacha que pocos días antes de morir le contó a su padre que había soñado con un prado donde había una chica india muy bella y sonriente rodeada de cientos de mariposas volando libres que la invitaba a ir con ella; el padre de la difunta, con una desconcertante sonrisa, explicó a la cámara que estaba claro lo que significaba aquello: la muchacha india era la Muerte; las mariposas, el alma de su hija que quería volar ya. Aquel sueño que su hija compartió con él fue la manera más hermosa que tenía de decirle adiós para siempre...
Si tuviera tiempo..., pondría el árbol y el Belén...
sábado, 29 de noviembre de 2008
Si tuviera tiempo

...me gustaría hablar de la publicación de los diarios de Sándor Márai (espero que sea mi regalo de Reyes, y si no, me lo regalo yo). Desde que leí "La hermana" no pude por menos de buscar todo lo tipo de información sobre este hombre tan desgraciado, otro de mis queridos suicidas literarios, hojas de otoño que secas y maduras se precipitan del árbol de la vida por su propia elección, porque consideran que ya no tienen más belleza o arte que aportar al mundo...
...escribiría algo sobre el derecho de esa niña de 13 años a renunciar a la vida, o más bien, a decir de una vez NO MÁS al ensañamiento terapéutico que lleva padeciendo desde los 5 años. Hannah, se llama. Es inglesa. Y me retuerce por dentro la serenidad que luce en esas imágenes que nos conceden los medios de comunicación, imágenes en las que aparece rodeada de su familia, conversando, viendo la tele, riéndose, como si no supiera que sólo le quedan semanas de vida. Eso sí, cuando la grabaron frente a la pantalla de su ordenador rosa no estaba ni chateando ni consultado páginas de sus ídolos musicales, no señor: estaba jugándose un solitario digital con cartas de póquer. Ella sola, jugando. Un solitario, ella...Sola.
...hablaría más de mí, o más bien de mis descubrimientos, porque no paro de descubrir cosas, personas, verdades que hasta hacía poco estaban ocultas en mi vida.
Ya habrá tiempo, todo se andará...
sábado, 15 de noviembre de 2008
Parte del Capítulo IV (dedicado a resacosos)
El sábado siguiente a la noche de Las Alas Azules amaneció turbio, helado, grisáceo. Sin saber muy bien cómo, desperté perfectamente arropada en mi cama de cabecera de acero. Llevaba el pijama puesto y mi ropa de la noche anterior reposaba pulcramente extendida y colocada sobre la butaca del cuarto. Pero de lo que nadie podía liberarme era de un insufrible olor a tabaco y alcohol que impregnaba todo el cuarto y, por supuesto, de una dolorosa y pastosa resaca. El estómago, destrozado; la garganta, transformada en un cilindro de metal ajado, y en la boca seca, un regusto entre dulzón y amargo. Los recuerdos recientes de la noche que acababa de pasar se veían eclipsados por mi nefasto estado corporal. No tenía fuerzas ni para sentirme avergonzada ni arrepentida, sólo me sentía mal e incómoda. Hubiera vendido mi alma al diablo por acabar con aquel malestar.
Miré el reloj. Eran las doce y media. Más de mediodía. ¿Qué iba a ser de mí? No se escuchaba ni un solo sonido por la casa, pero olía a pan tostado y a café. Sin duda alguna mi tía estaba viva. Y había hecho algo en la cocina. Pensé, con rencor, que era un milagro que anduviera por su bonita casita color azafrán.
La resaca es un curioso estado en el cuerpo se encuentra molido, inflamado y reseco a un mismo tiempo. La cabeza gira a un ritmo mucho más acelerado que el agotado corazón.
Me pasé una hora en la ducha y aún así, mi estado era bastante lastimoso. En cambio, mi tía estaba de muy buen humor.
Para estar en casa yo me ponía unos pantalones viejos, ropa de deporte y sudaderas, pero ella siempre parecía dispuesta a salir por la puerta rumbo a una fiesta de sociedad.
Aquella mañana llevaba un limpio vestido de algodón blanco de manga larga y que le llegaba hasta por debajo de las rodillas. Su cojera era más disimulable con prendas largas, pensé. Canturreaba por toda la casa y pese a mi patético estado, me dijo que aquella mañana se me veía muy guapa.
-¿Llegaste tarde anoche?-pregunté a mi tía. Ella me respondió que sí, que hacia las cuatro de la mañana. El sol brillaba afuera, pero la casa estaba helada.
-Ya dentro de nada vendrá el frío- afirmó mi tía. Llevaba una cola de caballo y la sonrisa brillaba una y otra vez en su rostro. Había llegado a casa una hora después que yo y se había levantado cuatro antes. “Es inhumana”, pensé.
Las hojas de otoño ya habían comenzado a cubrir a modo de amarillento tapiz las calles del barrio. En mi tía, preciosa como una dama de los bosques, no había señales ni de vino ni de lágrimas. Ella debía de haber tenido una velada de ensueño. Como me temía, apenas me dio detalles de su cena, sólo dijo que lo había pasado en grande.
-Deberías ir, ahora que ya tienes amigas, al restaurante al que fui yo anoche. Comida japonesa buena de verdad. Os encantará. Y no es demasiado caro, si es por dinero…
Pero no, no era por dinero si yo no iba, más bien por ausencia de amigas.
Miré el reloj. Eran las doce y media. Más de mediodía. ¿Qué iba a ser de mí? No se escuchaba ni un solo sonido por la casa, pero olía a pan tostado y a café. Sin duda alguna mi tía estaba viva. Y había hecho algo en la cocina. Pensé, con rencor, que era un milagro que anduviera por su bonita casita color azafrán.
La resaca es un curioso estado en el cuerpo se encuentra molido, inflamado y reseco a un mismo tiempo. La cabeza gira a un ritmo mucho más acelerado que el agotado corazón.
Me pasé una hora en la ducha y aún así, mi estado era bastante lastimoso. En cambio, mi tía estaba de muy buen humor.
Para estar en casa yo me ponía unos pantalones viejos, ropa de deporte y sudaderas, pero ella siempre parecía dispuesta a salir por la puerta rumbo a una fiesta de sociedad.
Aquella mañana llevaba un limpio vestido de algodón blanco de manga larga y que le llegaba hasta por debajo de las rodillas. Su cojera era más disimulable con prendas largas, pensé. Canturreaba por toda la casa y pese a mi patético estado, me dijo que aquella mañana se me veía muy guapa.
-¿Llegaste tarde anoche?-pregunté a mi tía. Ella me respondió que sí, que hacia las cuatro de la mañana. El sol brillaba afuera, pero la casa estaba helada.
-Ya dentro de nada vendrá el frío- afirmó mi tía. Llevaba una cola de caballo y la sonrisa brillaba una y otra vez en su rostro. Había llegado a casa una hora después que yo y se había levantado cuatro antes. “Es inhumana”, pensé.
Las hojas de otoño ya habían comenzado a cubrir a modo de amarillento tapiz las calles del barrio. En mi tía, preciosa como una dama de los bosques, no había señales ni de vino ni de lágrimas. Ella debía de haber tenido una velada de ensueño. Como me temía, apenas me dio detalles de su cena, sólo dijo que lo había pasado en grande.
-Deberías ir, ahora que ya tienes amigas, al restaurante al que fui yo anoche. Comida japonesa buena de verdad. Os encantará. Y no es demasiado caro, si es por dinero…
Pero no, no era por dinero si yo no iba, más bien por ausencia de amigas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)