Ni me entero...El 22 de junio hizo dos años que escribo en la Arcadia Infeliz, mon dieu!
Y no sé, por lo menos lo voy a hacer notar, ¿no?
Dos años nos contemplan, amigos lectores..., aunque cada vez me apetece menos hacer públicos mis pensamientos, mis ideas y paranoias, ¿será que no doy más de sí o que tengo otras cosas más importantes que hacer? Je ne sais pas...Por lo pronto, la Arcadia sigue a flote...
Ian Grecco
lunes, 29 de junio de 2009
miércoles, 17 de junio de 2009
El cielo protector

Poquito tiempo, poquito tiempo..., pero al menos, gracias al copy/page, divino tesoro para los vagos-pero-inquietos de nuestros tiempos, les recomiendo hoy esta película que tanto me ha gustado, basada en una novela de Paul Bowles que anda por casa (creo que es de las que guardamos en una caja enorme con ruedecitas bajo la cama), y que leeré en cuanto pueda (en mi mesilla de noche se pelean los rusos, los ingleses, los franceses y los alemanes, ¿quién vencerá?):
El cielo protector
TITULO ORIGINAL
The Sheltering Sky
AÑO
1989
DURACIÓN
133 min.
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PAÍS
DIRECTOR
Bernardo Bertolucci
GUIÓN
Mark Peploe & Bernardo Bertolucci (Novela: Paul Bowles)
MÚSICA
Ryuichi Sakamoto, Richard Horowitz
FOTOGRAFÍA
Vittorio Storaro
REPARTO
Debra Winger, John Malkovich, Campbell Scott, Jill Bennett, Timothy Spall, Eric Vu-An, Amina Annabi, Sotigui Kouyate, Philippe Morier-Genoud, Ben Smail, Nicoletta Braschi, Paul Bowles
PRODUCTORA
Coproducción GB-Italia; Warner Bros. Pictures / Sahara Company / TAO Film / Recorded Picture Company (RPC) / Aldrich Group
GÉNERO Y CRÍTICA
Más información
Drama. África / SINOPSIS: Una pareja de neoyorquinos viaja a África en busca de nuevas experiencias que puedan dar un nuevo sentido a su relación. Corre el año 1947. Port y Kit Moresby llegan en barco al norte de África. Tras diez años de matrimonio, para esta sofisticada pareja norteamericana resulta difícil la convivencia. Port, un músico que lleva un año sin trabajar, busca en el desierto una fuente de inspiración y nueva savia para un matrimonio que se muere, mientras Kit, cansada de viajar, espera que un milagro le devuelva a su marido. Tienen un compañero de viaje, George Tunner, un joven rico y mundano, fascinado por los Moresby y atraído especialmente por Kit. Port, que se define insistentemente como un viajero y no como un turista corriente, no está muy seguro de su destino, pero está decidido a dejar atrás el mundo moderno, por lo que finalmente ambos se adentran en el Sáhara esperando encontrarse también a sí mismos... Basada en la famosa novela de Paul Bowles.
(Fuente:FILMAFFINITY)
jueves, 4 de junio de 2009
House of Saddam: más Muchachada Nui que Los Soprano...

(mi comentario sobre la crítica que cierto periodista ha escrito de la nueva serie House of Saddam, que relata la vida de Saddam Hussein y su entorno)
Creo que un crítico de televisión o de lo que sea, alguien supuestamente sensible e ilustrado, no debería justificar un asesinato en una de sus críticas, y menos, la de un hombre que, aunque no fuera precisamente un angelito (como tantos otros poderosos del mundo), fue humillado sin piedad, perseguido sin tregua y brutalmente ejecutado, como si fuera un conejo, gracias a los Estados Unidos de América, el país responsable de la mayoría de las guerras, bombardeos y asesinatos masivos en este planeta.
Y también recuerdo las nauseas que me ocasionaron las visiones de los cadáveres de sus dos hijos, debidamente retransmitidas por la televisión, comiéndose con toda su crudeza la pantalla de mi casa, horrenda visión que mereció la compasión de mi abuela octogenaria, que no la de los pulcros mandatarios internacionales, tibios y pelotas con el jefe del patio, como siempre.
Y esta serie, digan lo que digan, no es buena en absoluto. Los personajes están caricaturizados hasta el extremo, y las escenas supuestamente duras, son una banal copia de pedazos de esas películas de medio pelo protagonizadas por matoncillos estilo Chuck Norris, obcecadas en predicar las bondades del país de la banderita de las barras y las estrellas. Es de una bajeza moral aberrante.
Querían hacer Los Soprano versión árabe y les ha salido una grotesca Muchachada Nui que no me despierta ningún interés. Y no nos engañemos; su objetivo es justificar, una vez más, las acciones criminales de Estados Unidos, no mostrar el corazoncito de la bestia, ¿piensan que los espectadores somos tan ingenuos como para creernos todo lo que nos cuentan?
Y no tiene ninguna gracia su bochornosa campaña de marketing, que dice algo así como "en esta serie encontrará de todo menos armas de destrucción masiva". Vamos, que no creo que los miles y miles de iraquíes muertos a causa de otra guerra injusta, se rieran. Ni sus familiares supervivientes. Ni sus vecinos arruinados.
Ya me extrañaba que actores árabes/musulmanes se hubieran prestado a trabajar en semejante producto, y aunque ciertamente sí que hay algunos en el reparto, qué curioso que dos de los intérpretes principales, "Saddam” incluido, sean israelíes.
Que cada uno saque sus conclusiones. Yo ya he sacado las mías y son desasosegantes...
Y también recuerdo las nauseas que me ocasionaron las visiones de los cadáveres de sus dos hijos, debidamente retransmitidas por la televisión, comiéndose con toda su crudeza la pantalla de mi casa, horrenda visión que mereció la compasión de mi abuela octogenaria, que no la de los pulcros mandatarios internacionales, tibios y pelotas con el jefe del patio, como siempre.
Y esta serie, digan lo que digan, no es buena en absoluto. Los personajes están caricaturizados hasta el extremo, y las escenas supuestamente duras, son una banal copia de pedazos de esas películas de medio pelo protagonizadas por matoncillos estilo Chuck Norris, obcecadas en predicar las bondades del país de la banderita de las barras y las estrellas. Es de una bajeza moral aberrante.
Querían hacer Los Soprano versión árabe y les ha salido una grotesca Muchachada Nui que no me despierta ningún interés. Y no nos engañemos; su objetivo es justificar, una vez más, las acciones criminales de Estados Unidos, no mostrar el corazoncito de la bestia, ¿piensan que los espectadores somos tan ingenuos como para creernos todo lo que nos cuentan?
Y no tiene ninguna gracia su bochornosa campaña de marketing, que dice algo así como "en esta serie encontrará de todo menos armas de destrucción masiva". Vamos, que no creo que los miles y miles de iraquíes muertos a causa de otra guerra injusta, se rieran. Ni sus familiares supervivientes. Ni sus vecinos arruinados.
Ya me extrañaba que actores árabes/musulmanes se hubieran prestado a trabajar en semejante producto, y aunque ciertamente sí que hay algunos en el reparto, qué curioso que dos de los intérpretes principales, "Saddam” incluido, sean israelíes.
Que cada uno saque sus conclusiones. Yo ya he sacado las mías y son desasosegantes...
jueves, 28 de mayo de 2009
Caramel, de Nadine Labaki

Me daba algo de pereza ver esta película, porque ya estaba un poco harto de la (requete) imitada fórmula "Sexo en Nueva York", es decir: la narración de las agridulces peripecias de cuatro mujeres aún jóvenes y muy diferentes entre sí (a saber: la más conservadora, la más promiscua, la más ambiciosa y la heroína por antonomasia), pero hiperamiguísimas y tan preocupadas por su futuro como por su fondo de armario.
Pero al final la he visto, y me ha gustado. Y lo que pensaba que era un "Sexo en Nueva York" versión libanesa (los libaneses tienen fama de ser lo más sofisticado y afrancesado del mundo árabe/musulmán), me ha sorprendido gratamente, porque sin perder su esencia de filme modesto, va más allá del tópico universo femenino, repleto de relojes biológicos acelerados y amores imposibles. Y si no, cuando vean la película, díganme qué opinan de la triste historia de la mujer que sacrifica su vida por cuidar a su hermana demente.
Otra peculiaridad de Caramel es que es una película libanesa que no toca para nada temas bélicos, algo que interpreto, quizás ingenuamente, como que el equipo de esta película ha querido demostrar que las naciones asoladas por la guerra y la violencia también tienen su derecho (y talento) a hablar de otras cosas sin resultar por eso banales o despreocupadas.
Producida con dinero francés, y dirigida y protagonizada por la bella Nadine Labaki, cuenta la historia de cuatro amigas libanesas. El principal escenario donde se desarrolla la trama es un salón de belleza de Beirut donde se aplica un famoso método de depilación a base de una pasta de azúcar, agua y limón, el "caramel" que da título a la película. Y es esa, precisamente, la sensación que a uno le queda tras su visionado: el de haber saboreado un breve pero dulce caramelo con cierto regusto ácido.
martes, 26 de mayo de 2009
lunes, 18 de mayo de 2009
Tiene calor...
pero no se quita ni uno solo de los tres jerseys que lleva.
Tiene hambre a todas horas, pero nunca come con avidez.
Tiene sueño, y sí, espanta el sueño con cafés y bebidas poco saludables, pero no duerme.
Respira mal, pero no se obliga a relajarse y a respirar como le enseñaron sus profesores de gimnasia y danza y demás gaitas físicas.
No está bien, pero no hace nada por ayudarse.
Quiere escribirle, pero no lo hace.
Quiere llamarle, pero no le llama.
Quiere que vaya a la fiesta, pero no le avisa de que hay una/la fiesta.
Quiere, quiere, quiere...Pero no hace nada. Nada.
Tiene hambre a todas horas, pero nunca come con avidez.
Tiene sueño, y sí, espanta el sueño con cafés y bebidas poco saludables, pero no duerme.
Respira mal, pero no se obliga a relajarse y a respirar como le enseñaron sus profesores de gimnasia y danza y demás gaitas físicas.
No está bien, pero no hace nada por ayudarse.
Quiere escribirle, pero no lo hace.
Quiere llamarle, pero no le llama.
Quiere que vaya a la fiesta, pero no le avisa de que hay una/la fiesta.
Quiere, quiere, quiere...Pero no hace nada. Nada.
jueves, 14 de mayo de 2009
Últimamente, me siento (un poco)...
como Will Smith en Soy leyenda. Vamos, que salgo a la calle y alucino con lo que veo, y me siento parte de una especie prácticamente aniquilada de la faz de la tierra (bueno, la diferencia es que el bueno de Will lo hace de día; yo, al caer el sol).
Es que sucede que cada vez entiendo menos al género humano; el funcionamiento del mundo, en general.
Y ayer...Cómo expresar lo de ayer. La Masa se lanzó a la calle, vestida de los mismos colores, gritando, insultando, clamando y aclamando, jurando...Hombres, mujeres, niños, viejos, de todas las edades, tamaños y colores y clases, unidos por una misma pasión.
Presencié (y sufrí) toda una catarsis febril, una histeria colectiva francamente abofeteable. ¿Y cuál era el poderoso motivo? ¿Parar una guerra,
o decir: "¡Eh, poderosos del mundo, ¡nos hemos dado cuenta de que somos vuestro ganado y hoy es el día del Gran Motín!",
o protesar contra la crisis económica (creo que en pocos países del primer mundo hay tantos licenciados con dos másters y cuatro idiomas trabajando de telefonistas),
o, qué se yo, confesar bajo el cielo un secreto o convicción merecedora de una rápida extensión?
Pues no, se trataba de un partido de fútbol, nada más ni nada menos que de un combate entre dos grupos de tipos en bermudas que se desgañitan por meter una bola en una red el mayor número de veces posible.
En serio, soy yo, ¿o esto es de locos?
La única que me dio pena fue una niña que llevaba cierta bandera pintada en sus tiernas mejillas; me alargó su manita desde lo alto del andamio donde estaba colgada como un cachorro de mono (a sus padres no se les veía por ninguna parte, por cierto) y voceando el nombre de su equipo, me pidió que chocara mi palma contra su palma. Y yo no puede hacerlo, me pareció tan ridículo e incoherente con lo que pensaba en aquellos momentos, que pasé de largo, y la cría se me quedó mirando boquiabierta y triste, sin saber por qué aquella persona con cara de susto y vestida de blanco y negro juzgaba estúpida su actitud. Quizás cuando crezca me comprenda. O quizás no. O quizás ni siquiera se acuerde de ayer.
Es que sucede que cada vez entiendo menos al género humano; el funcionamiento del mundo, en general.
Y ayer...Cómo expresar lo de ayer. La Masa se lanzó a la calle, vestida de los mismos colores, gritando, insultando, clamando y aclamando, jurando...Hombres, mujeres, niños, viejos, de todas las edades, tamaños y colores y clases, unidos por una misma pasión.
Presencié (y sufrí) toda una catarsis febril, una histeria colectiva francamente abofeteable. ¿Y cuál era el poderoso motivo? ¿Parar una guerra,
o decir: "¡Eh, poderosos del mundo, ¡nos hemos dado cuenta de que somos vuestro ganado y hoy es el día del Gran Motín!",
o protesar contra la crisis económica (creo que en pocos países del primer mundo hay tantos licenciados con dos másters y cuatro idiomas trabajando de telefonistas),
o, qué se yo, confesar bajo el cielo un secreto o convicción merecedora de una rápida extensión?
Pues no, se trataba de un partido de fútbol, nada más ni nada menos que de un combate entre dos grupos de tipos en bermudas que se desgañitan por meter una bola en una red el mayor número de veces posible.
En serio, soy yo, ¿o esto es de locos?
La única que me dio pena fue una niña que llevaba cierta bandera pintada en sus tiernas mejillas; me alargó su manita desde lo alto del andamio donde estaba colgada como un cachorro de mono (a sus padres no se les veía por ninguna parte, por cierto) y voceando el nombre de su equipo, me pidió que chocara mi palma contra su palma. Y yo no puede hacerlo, me pareció tan ridículo e incoherente con lo que pensaba en aquellos momentos, que pasé de largo, y la cría se me quedó mirando boquiabierta y triste, sin saber por qué aquella persona con cara de susto y vestida de blanco y negro juzgaba estúpida su actitud. Quizás cuando crezca me comprenda. O quizás no. O quizás ni siquiera se acuerde de ayer.
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